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viernes, 28 de abril de 2017
lunes, 12 de marzo de 2012
De ruta con Abelius a: Ourense (Territorio Suave)
Creo que con 13 años empecé a escuchar a Los Suaves, la cinta doble del álbum “¿Hay alguien ahí?” en un radiocasete, que mientras trabajaba con mi padre, me acompañó muchas horas. Este mes junto a Alicia, Juan y Ana conocí la vecina provincia Gallega.
Llegamos el viernes por la noche después de un viaje con la compañía de lluvia y niebla mientras pasábamos por O Barco, A Rua, Monforte de Lemos y por la Ribeira Sacra. Al llegar a Ourense posamos las cosas y nos fuimos a cenar, a recorrer parte del casco viejo y a tomar algo.
Al día siguiente conocí el centro de Ourense. Lo que más me sorprendió fueron unas termas en el centro, en pleno Invierno gente dándose un baño, aunque sobre esto hablaré más adelante. La Catedral, la plaza del ayuntamiento, el puente romano sobre el rio Miño (dicen en León que el Sil lleva el agua y el Miño la fama) y la Praza os Suaves, donde me hice varias fotos en las placas que hay en la plaza, donde se puede leer “POEMAS DO AMOR, DO DESENCANTO E DA VIDA, QUE DENDE OURENSE COMPUXERON ROCK PARA TODO O MUNDO”. Despues de esto a comer entre otras cosas, un rico caldo gallego.

Ya por la tarde fuimos a las termas, situadas a la orilla del rio Miño. Nosotros elegimos las de Outariz. Bañarse el 10 de Diciembre al lado del Miño mientras se pone el Sol es algo realmente peculiar. Un gran atractivo turístico para la zona. Destacar que gran parte de estas termas son totalmente gratuitas. La vuelta al hotel fue caminando, un buen paseo de unos 6 km.
Por la noche fuimos a tomar unos vinos – Mencias, ya que estábamos en la tierra de ese vino - por una ciudad desierta. La verdad es que el Real Madrid y el F.C. Barcelona se podían enfrentar todos los fines de semana, así no habría tanto agobio en los bares. Vinos y pinchos gallegos, una buena mezcla.
Una vez acabado el partido del circo, perdón, del siglo o como lo quieran llamar - Los romanos y Franco entre otros sembraron buena semilla y nosotros estamos mejorando el producto, que patético- la ciudad se llenó de gente y nosotros fuimos al FAR, bar de Los Suaves, donde pedí la canción Palabras para Julia – letra de un poema de Goytisolo- y una cerveza.
El domingo fuimos a Allariz, un pueblo interesante, con parte de muralla mandada construir por el rey leonés Alfonso VI, edificios antiguos y un rio, el Arnoia, con varios molinos. En uno de ellos comimos, empanada de Zorza y cordeiro o forno, ¡Que maravilla!

Y eso fue todo, una vez más, muy buena compañía, buena ciudad, buena comida, buenos vinos…
¡Nos vemos en la siguiente!
http://creaturafanzinedigital.blogspot.com
jueves, 11 de agosto de 2011
De ruta con Abelius a: Rumanía
Viajar para aprender, esta es la idea con la que me quedé después de pasar una semana en România. La imagen que quizás tenía de ese país es lo más distante a la realidad de lo que me encontré. Sólo un detalle, a los autobuses se entraba por la puerta de atrás y todo el mundo pagaba el billete, aquí no pagaría ni el Tato.
En esta ocasión disfruté de la compañía de mi novia, de Inma y de Marta. La primera ciudad que visitamos fue Bucureşti. Destacar el descomunal palacio del parlamento, mandado construir por Nicolae Ceauşescu – del que no ví ni un resto en todo el páis, igual que en España con los restos franquistas vamos, eso sin contar los 113.000 cadáveres que quedan en las cunetas- y los edificios situados por ese barrio, queriendo dar un aspecto de ciudad imperial o algo similar. Pero sobre todo vi perros, muchos perros, creo que no vi tanto junto en mi vida.
La segunda fue Constanţa, que por problemas de logística, casi no pudimos disfrutar. Autobús y a Tulcea, ciudad situada en el Delta del Danubio, que después de 2.888 km desemboca en el Mar Negro. Barco turístico y a recorrer el Delta, declarado Patrimonio de la Humanidad por la diversidad de plantas y animales.
El tercer día vimos Ploieşti. Ciudad principalmente industrial y con un centro que merece la pena visitar. Aquí comimos comida típica rumana, es decir, carne de cerdo, queso y patatas. Nada más acabar de comer, taxi – es la forma más recomendable de recorrer el país, son muy baratos – y a Sinaia, cuyo castillo es Patrimonio de la Humanidad. Visita y al campamento base, es decir, Braşov. Una ciudad con un encanto especial y la quinta en importancia de páis. Me sorprendió ver maceteros con lúpulo en su plaza mayor para promocionar este cultivo, a ver si aprendemos los leones a hacer cosas de estas, que falta nos hace.
Al día siguiente Brant, a ver el “Castillo de Vlad Dracul”. No fue este su castillo, ni era un vampiro, pero el señor Bram Stoker lo hizo muy bien y esta ciudad es conocida en todo el mundo. De vuelta a Braşov paramos a ver la ciudadela de Râşnov, desde la que tenemos una vista de los Cárpatos espectacular. Ya en el campamento base, a disfrutar de unas buenas Ursus, que gran cerveza madre mía. Cenamos en un italiano – România está plagado de restaurantes italianos – y a dormir.
El viernes – día de mi cumpleaños, 31 me cayeron - visitamos Sighişoara, ciudad en la que nació Vlad Dracul. La verdad, me esperaba más de esta ciudad. El pueblo siguiente fue Biertan, cuyo monasterio fue declarado Patrimonio de la Humanidad. Siguiente destino Sibiu. Gran ciudad, con unas buhardillas en forma de ojo muy curiosas, catedral, plazas muy bonitas… A media tarde vuelta a Braşov, en un viaje en taxi que es lo más parecido a un rally que viví en mi vida. Cena en un restaurante de comida rumana, muy elegante, con una comida abundante y de calidad y no pagamos más de 12 € (50 Lei, moneda rumana) por persona.

El último día subimos al teleférico de Braşov, comida en un italiano y al aeropuerto, previo paso por Sinia, ciudad que nos quedaba de camino y merecía la pena ver por segunda vez.
En definitiva, un páis espectacular, con grandes ciudades, mar, montaña, monasterios, gente muy educada y amable, eso sí, siempre dejaban claro que lo típico de România no eran los gitanos, es más, me pareció ver cierto rechazo hacía esta etnia. Lo dicho, no hay como viajar para conocer y ver, que quizás las ideas preconcebidas, distan mucho de la realidad.
http://issuu.com/fanzinecreatura
Un saludo y nos vemos en la siguiente.
En esta ocasión disfruté de la compañía de mi novia, de Inma y de Marta. La primera ciudad que visitamos fue Bucureşti. Destacar el descomunal palacio del parlamento, mandado construir por Nicolae Ceauşescu – del que no ví ni un resto en todo el páis, igual que en España con los restos franquistas vamos, eso sin contar los 113.000 cadáveres que quedan en las cunetas- y los edificios situados por ese barrio, queriendo dar un aspecto de ciudad imperial o algo similar. Pero sobre todo vi perros, muchos perros, creo que no vi tanto junto en mi vida.
La segunda fue Constanţa, que por problemas de logística, casi no pudimos disfrutar. Autobús y a Tulcea, ciudad situada en el Delta del Danubio, que después de 2.888 km desemboca en el Mar Negro. Barco turístico y a recorrer el Delta, declarado Patrimonio de la Humanidad por la diversidad de plantas y animales.
El tercer día vimos Ploieşti. Ciudad principalmente industrial y con un centro que merece la pena visitar. Aquí comimos comida típica rumana, es decir, carne de cerdo, queso y patatas. Nada más acabar de comer, taxi – es la forma más recomendable de recorrer el país, son muy baratos – y a Sinaia, cuyo castillo es Patrimonio de la Humanidad. Visita y al campamento base, es decir, Braşov. Una ciudad con un encanto especial y la quinta en importancia de páis. Me sorprendió ver maceteros con lúpulo en su plaza mayor para promocionar este cultivo, a ver si aprendemos los leones a hacer cosas de estas, que falta nos hace.
Al día siguiente Brant, a ver el “Castillo de Vlad Dracul”. No fue este su castillo, ni era un vampiro, pero el señor Bram Stoker lo hizo muy bien y esta ciudad es conocida en todo el mundo. De vuelta a Braşov paramos a ver la ciudadela de Râşnov, desde la que tenemos una vista de los Cárpatos espectacular. Ya en el campamento base, a disfrutar de unas buenas Ursus, que gran cerveza madre mía. Cenamos en un italiano – România está plagado de restaurantes italianos – y a dormir.
El viernes – día de mi cumpleaños, 31 me cayeron - visitamos Sighişoara, ciudad en la que nació Vlad Dracul. La verdad, me esperaba más de esta ciudad. El pueblo siguiente fue Biertan, cuyo monasterio fue declarado Patrimonio de la Humanidad. Siguiente destino Sibiu. Gran ciudad, con unas buhardillas en forma de ojo muy curiosas, catedral, plazas muy bonitas… A media tarde vuelta a Braşov, en un viaje en taxi que es lo más parecido a un rally que viví en mi vida. Cena en un restaurante de comida rumana, muy elegante, con una comida abundante y de calidad y no pagamos más de 12 € (50 Lei, moneda rumana) por persona.

El último día subimos al teleférico de Braşov, comida en un italiano y al aeropuerto, previo paso por Sinia, ciudad que nos quedaba de camino y merecía la pena ver por segunda vez.
En definitiva, un páis espectacular, con grandes ciudades, mar, montaña, monasterios, gente muy educada y amable, eso sí, siempre dejaban claro que lo típico de România no eran los gitanos, es más, me pareció ver cierto rechazo hacía esta etnia. Lo dicho, no hay como viajar para conocer y ver, que quizás las ideas preconcebidas, distan mucho de la realidad.
http://issuu.com/fanzinecreatura
Un saludo y nos vemos en la siguiente.
jueves, 4 de noviembre de 2010
In England... II - Brigthon & Seven Sisters
Segunda parte de la visita a Inglaterra. En Brgthon teníamos el alojamiento, en casa de una gran amiga, Rakel, que compartía piso con Nuria (las dos son adictas a mis chistes según me dijeron, jeje), a ellas dos, gracias por todo, un placer.
En la foto de la izquierda, Rakel y mi novia en una de las calles de Brigthon. En la foto de la derecha una tienda de comics con una gran frase de Alice in Wonderland.


A la izquierda, la playa con sus típicas tumbonas rojas y blancas y azules y blancas, que se pueden ver en miles de postales de Brighton. A la derecha el Royal Pavilion, mandado construir por Jorge IV en el siglo XIX.


La foto de la izquierda, en Seven Sister, una zona de acantilados espectaculares. A la derecha, una puesta de sol en Brighton.


lunes, 1 de noviembre de 2010
In England... I - London
Típico bus junto al Big ben y foto en Trafalgar square, donde preside la estatua del Almirante Nelson, el que puso finos a los franceses y a los españolitos vamos.


Tras la verja, la libertad, tras la ciudad, Hyde Park. En la otra, un leonés al lado de un León.


De fondo, uno de los monumentos que más me prestó, Tower Bridge. En la otra foto, yo con la mejor camiseta que ví en Candem Town.




Tras la verja, la libertad, tras la ciudad, Hyde Park. En la otra, un leonés al lado de un León.


De fondo, uno de los monumentos que más me prestó, Tower Bridge. En la otra foto, yo con la mejor camiseta que ví en Candem Town.


martes, 3 de noviembre de 2009
Gare suivante: Belgique
Este fin de semana estuve en Bélgica. Brujas, Gante y Bruselas.
Brujas de las tres, fue la que más me gustó. Mientras en España hay ciudades en las que prohíben circular en bicicleta por el centro, en la vieja Europa ocurre todo lo contrario, esos años de retraso se lo debemos a ese iluminado que tuvimos por jefe. Una ciudad con muchos edificios dignos de ser vistos una y otra vez, ya que no te cansas.


Entre avenidas y callejas se cuelan caminos de agua, con sus barcas llenas de turistas españoles, entre muchos otros. Esos canales por la noche, le prestan su función de espejo a los edificios iluminados, formando unas de las imágenes que hacen que solo con eso, merezca la pena ese viaje.


Gante, viene en segundo lugar en la lista. Lluvia y viento, recordándonos que estamos en Europa en el mes de Noviembre, quizás sean esas cosas, las que le den ese encanto. También, como en Brujas, canales entre edificios, puentes y olor a chocolate caliente.




Y en tercer lugar Bruselas. Casa de la monarquía del país más federal que conozco. Diferentes idiomas y diferentes administraciones sin que se rompa el país, curioso. Cervezas y más cervezas, como en el Delirium café y una plaza a la que cualquier adjetivo adulándola se queda corto.




Todo esto, y muchos recuerdos de dos guerras que mataron a media Europa, Bélgica en el corazón. Baste con el fragmento de una obra maestra del cine para resumir todo esto. El respeto entre los diferentes pueblos, entre las diferentes lenguas, entre las diferentes razas, el respeto a la historia y a la diversidad de opiniones. Todos cabemos en este globo y lo diferente, es la nota de color que rompe la triste escala de grises.
martes, 29 de septiembre de 2009
Camino
Hoy, al escuchar llover desde mi ventana,
sin saber, o quizás, suponiendo por qué
me he visto en ese camino.
Dicen que se sigue a una estrella,
que la senda está marcada,
yo creo que son esa mezcla de instantes,
los que puestos en hilera
juntines y de uno en uno,
te llevan a ti y a lo demás hacia ese final.
No me pregunten por que esa pareja, y ese grito,
en ese descenso, al prestarnos sus manos
lograron que aunque sople fuerte el viento
y las ramas del árbol cimbreen,
las hojas del recuerdo no caigan
al acantilado del olvido.
Perdónenme que crea en ese misticismo
el que no existe, el que no se palpa,
pero con el que yo he ido a la cama
y con el que me he despertado al alba,
del que bebo en cada arroyo,
y el que diviso en cada cima.
Sigo sin encontrar la respuesta,
aunque tampoco quiero hacerme la pregunta.
En el paseo de nuestra vida encontramos compañía
y el reflejo de sombras,
con los que compartimos el giro de agujas de reloj,
pero se, que con menos de una vuelta completa
de Italia al otro lado del Atlántico
compartiré esos instantes de mirar al infinito
y de evadirte de todo lo que nos rodea.
Como escuché una tarde de su boca rubia,
no son los lugares, son las personas,
por eso, por ellas,
con las que desembarque del hogar
en ese segundo trayecto
y con la que soñé
en el final de esa suma de segundos
ya sea de valles o montañas
de soles, de vientos o de nieblas
de pastos o de plazas,
de frases y versos marcados en cada pared
y en la savia del tronco de todos los árboles
hicieron que ese camino quedase grabado
alimentando la llama del no-olvido.
Por eso, en días como hoy,
cada segundo es reflejado
correspondiéndose con cada gota de agua.
Abel Aparicio González - 2009







sin saber, o quizás, suponiendo por qué
me he visto en ese camino.
Dicen que se sigue a una estrella,
que la senda está marcada,
yo creo que son esa mezcla de instantes,
los que puestos en hilera
juntines y de uno en uno,
te llevan a ti y a lo demás hacia ese final.
No me pregunten por que esa pareja, y ese grito,
en ese descenso, al prestarnos sus manos
lograron que aunque sople fuerte el viento
y las ramas del árbol cimbreen,
las hojas del recuerdo no caigan
al acantilado del olvido.
Perdónenme que crea en ese misticismo
el que no existe, el que no se palpa,
pero con el que yo he ido a la cama
y con el que me he despertado al alba,
del que bebo en cada arroyo,
y el que diviso en cada cima.
Sigo sin encontrar la respuesta,
aunque tampoco quiero hacerme la pregunta.
En el paseo de nuestra vida encontramos compañía
y el reflejo de sombras,
con los que compartimos el giro de agujas de reloj,
pero se, que con menos de una vuelta completa
de Italia al otro lado del Atlántico
compartiré esos instantes de mirar al infinito
y de evadirte de todo lo que nos rodea.
Como escuché una tarde de su boca rubia,
no son los lugares, son las personas,
por eso, por ellas,
con las que desembarque del hogar
en ese segundo trayecto
y con la que soñé
en el final de esa suma de segundos
ya sea de valles o montañas
de soles, de vientos o de nieblas
de pastos o de plazas,
de frases y versos marcados en cada pared
y en la savia del tronco de todos los árboles
hicieron que ese camino quedase grabado
alimentando la llama del no-olvido.
Por eso, en días como hoy,
cada segundo es reflejado
correspondiéndose con cada gota de agua.
Abel Aparicio González - 2009







martes, 30 de junio de 2009
Barcelona... La noche de San Juan
Mi primer San Juan fue ya hace muchos años, hoguera al lado del río Bernesga y fiesta en el barrio húmedo de León. Mi último San Juan fue hace 1 semana, la noche más corta llamaba a mi puerta con la nostalgia de aquellos años, pero con la vivencia de los presentes.
Esta vez fue en otra ciudad, quizás, junto a la cuna de León comparta mi podium de las urbes. El misticismo de esa noche se siente, se siente cuando las primeras antorchas empiezan a iluminar la playa, cuando las hogueras empiezan a ser el centro de varios corrillos y cuando los primeros fuegos son reflejados en el agua del Mediterráneo. Se siente cuando recuerdas que esta misma noche ya las has vivido varias veces y sigue siendo la misma, por eso mandas mensajes, para traerte a esta ciudad a los que no están para que se unan a los que sí. Sin saber como, el sol asoma por la ventana del horizonte y echas el último trago del cubata de ron mientras el humo de la última calada se va a la orilla donde tienes puesta la mirada.
Y como se suele decir, las noches se van, pero las ciudades se quedan, en especial esta, se queda muy dentro. Se queda esa pareja que va de la mano en el carril bici, se queda esa fila de motos aparcada en una acera del Rabal, el pa amb tomàquet en el barrio de Gràcia, el paseo en el parque Güell, la multiculturalidad de Las Ramblas, el paseo al atardecer por la Barceloneta, como también se queda esa cerveza con Loquillo en el Tibidabo, hablando sobre rubias tatuadas en nuestros corazones, o ese gol, en el último minuto de unas olimpiadas en Montjuïc.
Barcelona posee eso, la magia en sus calles, que me hace sentir a gusto, esa maleta en un andén de Sants o en una terminal del Prat, que viene a quedarse, o que se va, pero que hace que esta ciudad tenga esa diversidad, mientras la brisa se lleva mis malos humos, los cuales, se convierten en tranquilidad, en cultura de calle, de música, mientras tres tipos te pueden hacer una foto, tocarte una canción o pintarte un cuadro, esto, entre otras muchas cosas, es Barcelona, y eso, entre otras muchas cosas, tiene la noche de San Juan. Quizás todo esto sea mejor cuando tienes posada en casa de una persona con la que compartiste tu primer San Juan y el último, y lo más importante, con la que compartes abuelos. Junto a él, levanto mi copa de cava y mi pan tumaca para decir… VISÇA LA NIT DE SANT JOAN.









Esta vez fue en otra ciudad, quizás, junto a la cuna de León comparta mi podium de las urbes. El misticismo de esa noche se siente, se siente cuando las primeras antorchas empiezan a iluminar la playa, cuando las hogueras empiezan a ser el centro de varios corrillos y cuando los primeros fuegos son reflejados en el agua del Mediterráneo. Se siente cuando recuerdas que esta misma noche ya las has vivido varias veces y sigue siendo la misma, por eso mandas mensajes, para traerte a esta ciudad a los que no están para que se unan a los que sí. Sin saber como, el sol asoma por la ventana del horizonte y echas el último trago del cubata de ron mientras el humo de la última calada se va a la orilla donde tienes puesta la mirada.
Y como se suele decir, las noches se van, pero las ciudades se quedan, en especial esta, se queda muy dentro. Se queda esa pareja que va de la mano en el carril bici, se queda esa fila de motos aparcada en una acera del Rabal, el pa amb tomàquet en el barrio de Gràcia, el paseo en el parque Güell, la multiculturalidad de Las Ramblas, el paseo al atardecer por la Barceloneta, como también se queda esa cerveza con Loquillo en el Tibidabo, hablando sobre rubias tatuadas en nuestros corazones, o ese gol, en el último minuto de unas olimpiadas en Montjuïc.
Barcelona posee eso, la magia en sus calles, que me hace sentir a gusto, esa maleta en un andén de Sants o en una terminal del Prat, que viene a quedarse, o que se va, pero que hace que esta ciudad tenga esa diversidad, mientras la brisa se lleva mis malos humos, los cuales, se convierten en tranquilidad, en cultura de calle, de música, mientras tres tipos te pueden hacer una foto, tocarte una canción o pintarte un cuadro, esto, entre otras muchas cosas, es Barcelona, y eso, entre otras muchas cosas, tiene la noche de San Juan. Quizás todo esto sea mejor cuando tienes posada en casa de una persona con la que compartiste tu primer San Juan y el último, y lo más importante, con la que compartes abuelos. Junto a él, levanto mi copa de cava y mi pan tumaca para decir… VISÇA LA NIT DE SANT JOAN.









lunes, 8 de junio de 2009
Toledo a los ojos de... Gustavo Adolfo Bécquer
Dicen que no son las ciudades, que lo que importa y lo que te hace feliz son las gentes que hay en ellas, en este caso discrepo. Tengo una cuenta pendiente con Toledo, por dejar que me pierda en sus calles de madrugada, por dejarme leer sus leyendas, por dejar que me siente en un banco de su muralla o observar la puesta de sol y su reflejo en el Tajo, y por dejarme que cada vez que miro la ciudad por el retrovisor, di mi boca salga la frase: en breve vuelvo, y se me dibuje una sonrisa.

1. La Calle de los Bécquer (Calle de La Lechuga)
Antiguamente llamada calle de La Lechuga. Resulta, que aquí al lado, a la izquierda según se mira la puerta de la Iglesia de Santas Justa y Rufina, aparece una pilastra visigoda decorada con numerosos relieves florales. Pues bien, Amador de Los Ríos unió a su antojo esta calle de Santa Justa y la de los Bécquer en una sola y le atribuyó el nombre por dichos adornos florales que, por cierto, tienen muy dudoso parecido con tal planta.
"Historia de las Calles de Toledo" viene a poner de manifiesto que en dicho número no existió casa alguna de estos hermanos sino una pensión en el nº 9 y si bien es cierto que vivieron en ella, esto lo fue por una muy corta temporada, justo en el momento en que Gustavo Adolfo y Valeriano, junto con su madre, recientemente viuda, llegaron por primera vez a Toledo, allá por el año de 1857.

2. La Calle de El Cristo de la Calavera
Leyenda: Eran tiempos de la Edad Media. El rey Alfonso VIII estaba preparando una gran expedición guerrera contra los moros y había conseguido reunir en Toledo un imponente ejército. El rey dispuso dar una última fiesta en el alcázar antes de la partida de la tropa, para elevar su moral. Damas y caballeros rivalizaban en elegancia. Los juegos amorosos eran acciones usuales. De entre todas las damas asistentes al baile real destacaba la belleza sin igual de doña INÉS DE TORDESILLAS. Su hermosura era tanta como su carácter altivo y desdeñoso. Todos los caballeros
asistentes se hallaban prendados de aquélla linda mujer. Entre los más enamorados se hallaban don ALONSO CARRILLO y don LOPE DE SANDOVAL, ambos toledanos de nacimiento y amigos íntimos de su niñez. Tuvieron muchas luchas, pero una noche Los dos amigos pasaron a la plaza de San Justo y de allí llegaron a la que hoy se llama calle del Cardenal Cisneros, para dirigirse después a la plaza del Ayuntamiento. En uno de los palacios allí existentes y de los que hoy no queda rastro alguno, vivía su amada. Cuando entraron en la plaza torcieron pegados a los muros del templo catedralicio para contemplar la fachada de la vivienda de doña Inés y, con profunda sorpresa, vieron cómo en ese instante se abría el balcón del dormitorio de la dama y un hombre que salía de él comenzaba a deslizarse hasta el suelo con ayuda de una cuerda, mientras una figura blanca, sin duda la de doña Inés, despedía amorosamente al galán.
Los dos jóvenes se miraron y, tras un momento de indecisión, sus ojos y labios iniciaron una sonrisa que llegó a convertirse en carcajada. Al oírla, la dama cerró bruscamente el balcón.
3. La Iglesia del Convento de San Clemente
Este es uno de los conventos más antiguos de la ciudad pues ya existen documentos sobre su existencia que lo datan del siglo XII. La leyenda atribuye el origen del mazapán a una invención de esta comunidad de religiosas cistercienses.
Pero a nosotros lo que más nos interesa destacar es esta portada del siglo XVI obra de Alonso de Covarrubias, dicen que está la firma de Bécquer

4. La calle de San Ildefonso
En este momento nos encontramos en la Travesía de San Ildefonso que une la Plaza de las Capuchinas con la de Santo Domingo el Antiguo. En el nº 8 de esta calle, donde realmente vivió (o eso dicen). El nombre le viene dado a la Calle porque en esta casa contigua estuvo el Hospitalito de San Ildefonso, del siglo XIV, fundado para "el cuidado de mujeres pobres, peregrinas y públicas". El laurel que se puede ver por encima de la tapia lo plantó Bécquer. Este árbol, el laurel, es el símbolo de los poetas.

5. La Plaza de Santo Domingo el Real
Uno de los lugares preferidos por Bécquer es este precisamente en el que ahora nos encontramos y que ha sido, como veis por las placas colocadas en las paredes en su honor, el sitio donde se ha concentrado el mayor número de homenajes que se le han tributado. Esta plaza era una de los lugares preferidos y más visitados por Bécquer, habitualmente recorrida por él e inmortalizada en sus rimas cuando de ella escribió
Un buen día de 1855 Toledo resultó asolada por una epidemia de cólera y una de sus
víctimas fue, precisamente, su madre. Además, coincidió con la separación de su mujer. Huérfano como estaba y con el ánimo de mitigar su soledad salió a dar uno de sus paseos nocturnos por la ciudad y cuando discurría por esta Plaza oyó el sonido triste de un órgano acompañado del canto no menos melancólico de un coro de monjas; miró al interior de la Iglesia y allí se decidió a entrar: se celebraba la ceremonia de toma de hábito de una novicia. Quedose ensimismado de la música del órgano, del repicar de las campanas y, sobre todo, de la mirada de aquélla novicia que, quizás por un instante, se cruzó con la suya. Cuenta entonces la tradición que nada más terminar la ceremonia salió del templo y sentado en los escalones del atrio compuso la que sería su rima número LXXIV:
6. La Iglesia de San Juan de los Reyes
Este monasterio de San Juan de Los Reyes cuyas ruinas tanto le inspiraron y donde tantas horas perdió en su contemplación. Tras la invasión napoleónica este monasterio quedó en ruinas y solo permanecieron algunos de sus muros y muy escasas de sus bóvedas en pie.
Desde aquí se relata muy bien la leyenda de "La rosa de la pasión". Esta leyenda habla de un padre judío que se entera que su hija está enamorada de un cristiano. Una noche planean ir a matarlo a la otra parte del río. La hija se entera y decide ir en la ayuda de su amado. Cuando van a matar al cristiano la hija lo defiende y dice que se va con él, que Daniel (su padre) ya no es su padre y que se convierte al cristianismo
7. El Arquillo de la Judería
Gustavo Adólfo Bécquer se mostró, a lo largo de toda su vida, lleno de temor por la suerte que habría de correr la Ciudad de Toledo en el crepúsculo del siglo XIX y más a
ún durante las décadas posteriores. Estaba muy preocupado por la suerte de la Plaza de Zocodover y las callejas toledanas, amenazadas entonces por una corriente demoledora que, afortunadamente, nunca se produjo, no como en Madrid, Barcelona y otra muchas ciudades.
Su mejor defensa, desde luego, en su lucha contra las corrientes renovadoras fue, sin lugar a duda alguna, la prensa donde a través de sus innumerables artículos dedicados a Toledo, se erigió en sublime defensor de la misma; también por sus opiniones manifestadas a través de todos sus escritos en general y de las leyendas en particular.
Así, Gustavo Adólfo Bécquer decide situarse en un lugar concreto de la ciudad y erigirlo como ejemplo y símbolo de su radical oposición a la "destrucción". Y ese lugar concreto es éste donde nos encontramos, y el símbolo este "arquillo" que vemos y que pretendió ser derribado.
Para Bécquer, Sevilla y Toledo son las ciudades más sublimes de la humanidad que contienen en su ser la esencia misma de todo lo que las generaciones pasadas nos han legado. Esto dice el letrero que podéis ver en la fachada de esa casa:
Gustavo Adólfo Bécquer vio por última vez Toledo el día 19 de Diciembre de 1870. Tres días después murió en Madrid víctima de la tuberculosis.
Mis agradecimientos a http://www.mitoledo.com

- La Calle de los Bécquer (Calle de La Lechuga)
- La Calle de El Cristo de la Calavera
- La Iglesia del Convento de San Clemente
- La Calle de San Ildefonso
- La Plaza de Santo Domingo el Real
- La Iglesia de San Juan de los Reyes
- El Arquillo de la Judería
1. La Calle de los Bécquer (Calle de La Lechuga)
Antiguamente llamada calle de La Lechuga. Resulta, que aquí al lado, a la izquierda según se mira la puerta de la Iglesia de Santas Justa y Rufina, aparece una pilastra visigoda decorada con numerosos relieves florales. Pues bien, Amador de Los Ríos unió a su antojo esta calle de Santa Justa y la de los Bécquer en una sola y le atribuyó el nombre por dichos adornos florales que, por cierto, tienen muy dudoso parecido con tal planta.
"Historia de las Calles de Toledo" viene a poner de manifiesto que en dicho número no existió casa alguna de estos hermanos sino una pensión en el nº 9 y si bien es cierto que vivieron en ella, esto lo fue por una muy corta temporada, justo en el momento en que Gustavo Adolfo y Valeriano, junto con su madre, recientemente viuda, llegaron por primera vez a Toledo, allá por el año de 1857.
2. La Calle de El Cristo de la Calavera
Leyenda: Eran tiempos de la Edad Media. El rey Alfonso VIII estaba preparando una gran expedición guerrera contra los moros y había conseguido reunir en Toledo un imponente ejército. El rey dispuso dar una última fiesta en el alcázar antes de la partida de la tropa, para elevar su moral. Damas y caballeros rivalizaban en elegancia. Los juegos amorosos eran acciones usuales. De entre todas las damas asistentes al baile real destacaba la belleza sin igual de doña INÉS DE TORDESILLAS. Su hermosura era tanta como su carácter altivo y desdeñoso. Todos los caballeros
asistentes se hallaban prendados de aquélla linda mujer. Entre los más enamorados se hallaban don ALONSO CARRILLO y don LOPE DE SANDOVAL, ambos toledanos de nacimiento y amigos íntimos de su niñez. Tuvieron muchas luchas, pero una noche Los dos amigos pasaron a la plaza de San Justo y de allí llegaron a la que hoy se llama calle del Cardenal Cisneros, para dirigirse después a la plaza del Ayuntamiento. En uno de los palacios allí existentes y de los que hoy no queda rastro alguno, vivía su amada. Cuando entraron en la plaza torcieron pegados a los muros del templo catedralicio para contemplar la fachada de la vivienda de doña Inés y, con profunda sorpresa, vieron cómo en ese instante se abría el balcón del dormitorio de la dama y un hombre que salía de él comenzaba a deslizarse hasta el suelo con ayuda de una cuerda, mientras una figura blanca, sin duda la de doña Inés, despedía amorosamente al galán.Los dos jóvenes se miraron y, tras un momento de indecisión, sus ojos y labios iniciaron una sonrisa que llegó a convertirse en carcajada. Al oírla, la dama cerró bruscamente el balcón.
3. La Iglesia del Convento de San Clemente
Este es uno de los conventos más antiguos de la ciudad pues ya existen documentos sobre su existencia que lo datan del siglo XII. La leyenda atribuye el origen del mazapán a una invención de esta comunidad de religiosas cistercienses.
Pero a nosotros lo que más nos interesa destacar es esta portada del siglo XVI obra de Alonso de Covarrubias, dicen que está la firma de Bécquer

4. La calle de San Ildefonso
En este momento nos encontramos en la Travesía de San Ildefonso que une la Plaza de las Capuchinas con la de Santo Domingo el Antiguo. En el nº 8 de esta calle, donde realmente vivió (o eso dicen). El nombre le viene dado a la Calle porque en esta casa contigua estuvo el Hospitalito de San Ildefonso, del siglo XIV, fundado para "el cuidado de mujeres pobres, peregrinas y públicas". El laurel que se puede ver por encima de la tapia lo plantó Bécquer. Este árbol, el laurel, es el símbolo de los poetas.

5. La Plaza de Santo Domingo el Real
Uno de los lugares preferidos por Bécquer es este precisamente en el que ahora nos encontramos y que ha sido, como veis por las placas colocadas en las paredes en su honor, el sitio donde se ha concentrado el mayor número de homenajes que se le han tributado. Esta plaza era una de los lugares preferidos y más visitados por Bécquer, habitualmente recorrida por él e inmortalizada en sus rimas cuando de ella escribió
"A oscuras conocía los rincones
del atrio y las portadas;
de mis pies las ortigas que allí crecen
las huellas tal vez guardan."
(Rima LXX. Gustavo Adólfo Bécquer)
del atrio y las portadas;
de mis pies las ortigas que allí crecen
las huellas tal vez guardan."
(Rima LXX. Gustavo Adólfo Bécquer)
Un buen día de 1855 Toledo resultó asolada por una epidemia de cólera y una de sus
víctimas fue, precisamente, su madre. Además, coincidió con la separación de su mujer. Huérfano como estaba y con el ánimo de mitigar su soledad salió a dar uno de sus paseos nocturnos por la ciudad y cuando discurría por esta Plaza oyó el sonido triste de un órgano acompañado del canto no menos melancólico de un coro de monjas; miró al interior de la Iglesia y allí se decidió a entrar: se celebraba la ceremonia de toma de hábito de una novicia. Quedose ensimismado de la música del órgano, del repicar de las campanas y, sobre todo, de la mirada de aquélla novicia que, quizás por un instante, se cruzó con la suya. Cuenta entonces la tradición que nada más terminar la ceremonia salió del templo y sentado en los escalones del atrio compuso la que sería su rima número LXXIV:"Me aproximé a los hierros
que defienden la entrada
y de las dobles rejas en el fondo
la ví confusa y blanca.
Me sentí de un ardiente deseo llena el alma;
como atrae un abismo, aquel misterio
hacia sí me arrastraba (...)
El umbral de esta puerta
¡ sólo Dios lo traspasa!".
(Rima LXXIV. Gustavo Adólfo Bécquer)
Tan impresionado quedó de lo visto en esta fecha (la tercera en la leyenda) que a ésta le añadió dos más anteriores que explicaran el inevitable final. En definitiva Bécquer en esas tres fechas tan alejadas en el tiempo desarrolla un sueño a través de una serie de sucesos que culminan en la "cruel" realidad de lo que ha soñado, escribiendo la única leyenda autobiógrafa donde el protagonista es él mismo.que defienden la entrada
y de las dobles rejas en el fondo
la ví confusa y blanca.
Me sentí de un ardiente deseo llena el alma;
como atrae un abismo, aquel misterio
hacia sí me arrastraba (...)
El umbral de esta puerta
¡ sólo Dios lo traspasa!".
(Rima LXXIV. Gustavo Adólfo Bécquer)
6. La Iglesia de San Juan de los Reyes
Este monasterio de San Juan de Los Reyes cuyas ruinas tanto le inspiraron y donde tantas horas perdió en su contemplación. Tras la invasión napoleónica este monasterio quedó en ruinas y solo permanecieron algunos de sus muros y muy escasas de sus bóvedas en pie.
Desde aquí se relata muy bien la leyenda de "La rosa de la pasión". Esta leyenda habla de un padre judío que se entera que su hija está enamorada de un cristiano. Una noche planean ir a matarlo a la otra parte del río. La hija se entera y decide ir en la ayuda de su amado. Cuando van a matar al cristiano la hija lo defiende y dice que se va con él, que Daniel (su padre) ya no es su padre y que se convierte al cristianismo7. El Arquillo de la Judería
Gustavo Adólfo Bécquer se mostró, a lo largo de toda su vida, lleno de temor por la suerte que habría de correr la Ciudad de Toledo en el crepúsculo del siglo XIX y más a
ún durante las décadas posteriores. Estaba muy preocupado por la suerte de la Plaza de Zocodover y las callejas toledanas, amenazadas entonces por una corriente demoledora que, afortunadamente, nunca se produjo, no como en Madrid, Barcelona y otra muchas ciudades.Su mejor defensa, desde luego, en su lucha contra las corrientes renovadoras fue, sin lugar a duda alguna, la prensa donde a través de sus innumerables artículos dedicados a Toledo, se erigió en sublime defensor de la misma; también por sus opiniones manifestadas a través de todos sus escritos en general y de las leyendas en particular.
Así, Gustavo Adólfo Bécquer decide situarse en un lugar concreto de la ciudad y erigirlo como ejemplo y símbolo de su radical oposición a la "destrucción". Y ese lugar concreto es éste donde nos encontramos, y el símbolo este "arquillo" que vemos y que pretendió ser derribado.
Para Bécquer, Sevilla y Toledo son las ciudades más sublimes de la humanidad que contienen en su ser la esencia misma de todo lo que las generaciones pasadas nos han legado. Esto dice el letrero que podéis ver en la fachada de esa casa:
Gustavo Adólfo Bécquer vio por última vez Toledo el día 19 de Diciembre de 1870. Tres días después murió en Madrid víctima de la tuberculosis.Mis agradecimientos a http://www.mitoledo.com
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