
- La Calle de los Bécquer (Calle de La Lechuga)
- La Calle de El Cristo de la Calavera
- La Iglesia del Convento de San Clemente
- La Calle de San Ildefonso
- La Plaza de Santo Domingo el Real
- La Iglesia de San Juan de los Reyes
- El Arquillo de la Judería
1. La Calle de los Bécquer (Calle de La Lechuga)
Antiguamente llamada calle de La Lechuga. Resulta, que aquí al lado, a la izquierda según se mira la puerta de la Iglesia de Santas Justa y Rufina, aparece una pilastra visigoda decorada con numerosos relieves florales. Pues bien, Amador de Los Ríos unió a su antojo esta calle de Santa Justa y la de los Bécquer en una sola y le atribuyó el nombre por dichos adornos florales que, por cierto, tienen muy dudoso parecido con tal planta.
"Historia de las Calles de Toledo" viene a poner de manifiesto que en dicho número no existió casa alguna de estos hermanos sino una pensión en el nº 9 y si bien es cierto que vivieron en ella, esto lo fue por una muy corta temporada, justo en el momento en que Gustavo Adolfo y Valeriano, junto con su madre, recientemente viuda, llegaron por primera vez a Toledo, allá por el año de 1857.
2. La Calle de El Cristo de la Calavera
Leyenda: Eran tiempos de la Edad Media. El rey Alfonso VIII estaba preparando una gran expedición guerrera contra los moros y había conseguido reunir en Toledo un imponente ejército. El rey dispuso dar una última fiesta en el alcázar antes de la partida de la tropa, para elevar su moral. Damas y caballeros rivalizaban en elegancia. Los juegos amorosos eran acciones usuales. De entre todas las damas asistentes al baile real destacaba la belleza sin igual de doña INÉS DE TORDESILLAS. Su hermosura era tanta como su carácter altivo y desdeñoso. Todos los caballeros

Los dos jóvenes se miraron y, tras un momento de indecisión, sus ojos y labios iniciaron una sonrisa que llegó a convertirse en carcajada. Al oírla, la dama cerró bruscamente el balcón.
3. La Iglesia del Convento de San Clemente
Este es uno de los conventos más antiguos de la ciudad pues ya existen documentos sobre su existencia que lo datan del siglo XII. La leyenda atribuye el origen del mazapán a una invención de esta comunidad de religiosas cistercienses.
Pero a nosotros lo que más nos interesa destacar es esta portada del siglo XVI obra de Alonso de Covarrubias, dicen que está la firma de Bécquer

4. La calle de San Ildefonso
En este momento nos encontramos en la Travesía de San Ildefonso que une la Plaza de las Capuchinas con la de Santo Domingo el Antiguo. En el nº 8 de esta calle, donde realmente vivió (o eso dicen). El nombre le viene dado a la Calle porque en esta casa contigua estuvo el Hospitalito de San Ildefonso, del siglo XIV, fundado para "el cuidado de mujeres pobres, peregrinas y públicas". El laurel que se puede ver por encima de la tapia lo plantó Bécquer. Este árbol, el laurel, es el símbolo de los poetas.

5. La Plaza de Santo Domingo el Real
Uno de los lugares preferidos por Bécquer es este precisamente en el que ahora nos encontramos y que ha sido, como veis por las placas colocadas en las paredes en su honor, el sitio donde se ha concentrado el mayor número de homenajes que se le han tributado. Esta plaza era una de los lugares preferidos y más visitados por Bécquer, habitualmente recorrida por él e inmortalizada en sus rimas cuando de ella escribió
"A oscuras conocía los rincones
del atrio y las portadas;
de mis pies las ortigas que allí crecen
las huellas tal vez guardan."
(Rima LXX. Gustavo Adólfo Bécquer)
del atrio y las portadas;
de mis pies las ortigas que allí crecen
las huellas tal vez guardan."
(Rima LXX. Gustavo Adólfo Bécquer)
Un buen día de 1855 Toledo resultó asolada por una epidemia de cólera y una de sus

"Me aproximé a los hierros
que defienden la entrada
y de las dobles rejas en el fondo
la ví confusa y blanca.
Me sentí de un ardiente deseo llena el alma;
como atrae un abismo, aquel misterio
hacia sí me arrastraba (...)
El umbral de esta puerta
¡ sólo Dios lo traspasa!".
(Rima LXXIV. Gustavo Adólfo Bécquer)
Tan impresionado quedó de lo visto en esta fecha (la tercera en la leyenda) que a ésta le añadió dos más anteriores que explicaran el inevitable final. En definitiva Bécquer en esas tres fechas tan alejadas en el tiempo desarrolla un sueño a través de una serie de sucesos que culminan en la "cruel" realidad de lo que ha soñado, escribiendo la única leyenda autobiógrafa donde el protagonista es él mismo.que defienden la entrada
y de las dobles rejas en el fondo
la ví confusa y blanca.
Me sentí de un ardiente deseo llena el alma;
como atrae un abismo, aquel misterio
hacia sí me arrastraba (...)
El umbral de esta puerta
¡ sólo Dios lo traspasa!".
(Rima LXXIV. Gustavo Adólfo Bécquer)
6. La Iglesia de San Juan de los Reyes
Este monasterio de San Juan de Los Reyes cuyas ruinas tanto le inspiraron y donde tantas horas perdió en su contemplación. Tras la invasión napoleónica este monasterio quedó en ruinas y solo permanecieron algunos de sus muros y muy escasas de sus bóvedas en pie.

7. El Arquillo de la Judería
Gustavo Adólfo Bécquer se mostró, a lo largo de toda su vida, lleno de temor por la suerte que habría de correr la Ciudad de Toledo en el crepúsculo del siglo XIX y más a

Su mejor defensa, desde luego, en su lucha contra las corrientes renovadoras fue, sin lugar a duda alguna, la prensa donde a través de sus innumerables artículos dedicados a Toledo, se erigió en sublime defensor de la misma; también por sus opiniones manifestadas a través de todos sus escritos en general y de las leyendas en particular.
Así, Gustavo Adólfo Bécquer decide situarse en un lugar concreto de la ciudad y erigirlo como ejemplo y símbolo de su radical oposición a la "destrucción". Y ese lugar concreto es éste donde nos encontramos, y el símbolo este "arquillo" que vemos y que pretendió ser derribado.
Para Bécquer, Sevilla y Toledo son las ciudades más sublimes de la humanidad que contienen en su ser la esencia misma de todo lo que las generaciones pasadas nos han legado. Esto dice el letrero que podéis ver en la fachada de esa casa:

Mis agradecimientos a http://www.mitoledo.com
2 comentarios:
Querido primo:
En primer lugar felicitarte por este espacio que tanto me gusta y que, ahora mismo no puedo hacerlo yo misma.
No conozco Toledo, es una promesa que le hice a tu novia en el día de sus treinta cumpleaños, pero que no voy a poder cumplir.
Hoy quiero regalarte otro fragmento de los relatos que Eduardo Galeano incluye en EL LIBRO DE LOS ABRAZOS.
CELEBRACIÓN DE LA VOZ HUMANA/2
Dice algo así: " ...........Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la pare.Si le niegan la boca, ella habla por las manos, o por los ojos, o por los poros, o por donde sea. Porque todos, toditos, tenemos algo que decir a los demás, alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada."
Gracias por este espacio.
YES
Siento decir que la madre de los Bécquer nunca estuvo en Toledo, ya que doña Joaquina Bastida murió en Sevilla, cuando Gustavo y Valeriano eran niños, concretamente en el año 1847.
No sé de dónde ha sacado esa información.
Saludos,
Pilar Alcalá
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