jueves, 12 de noviembre de 2009
Y dijo el poeta...
de la rara podredumbre del querer, cuando no falta de nada.
y luego otros dijeron:
lunes, 9 de noviembre de 2009
El muro de un mal sueño
Con el abrigo del cinismo hemos celebrado el día de hoy.
Con las gafas de sol enfocadas hacia otro lado.
Con la felicidad de derribar una barrera,
y mientras, los que se esforzaron en hacerlo
ahora se han enfundado el traje de verdugo.
Televisiones y políticos quieren reflejar
la libertad
que hoy hace veinte años un pueblo consiguió.
Pasan las páginas de este mundo global
y justo en ese instante,
a una madre palestina,
le incautan un litro de leche en otra valla,
viendo como se derrama junto a sus lagrimas
la sonrisa de su hijo.
En el otro lado de este mundo global,
a los campesinos mejicanos
un muro en forma de agua fría
los despierta de su sueño americano,
de igual forma que a esos gitanillos
no se les permite pasar de ese campo de juego
que va a dar a la portería de Europa.
Ríanse de sus audiencias,
laven sus banderas
y entonen bien el himno de la libertad,
pero no nos quieran engañar.
Dirigíanse a esos muros,
enciérrense en ellos
y si tienen dignidad
actúen como las avestruces,
aunque antes,
deben derribar la estupida línea
que divide ríos y montañas,
que divide ilusiones,
que divide, seres humanos.
Abel Aparicio González - 2009
Graffiti en el muro de Cisjordania.

Graffiti en el muro de EEUU - México.

Muro en el poblado gitano de Ostrovany, Eslovaquia.

Muros en el mundo
martes, 3 de noviembre de 2009
Gare suivante: Belgique
Este fin de semana estuve en Bélgica. Brujas, Gante y Bruselas.
Brujas de las tres, fue la que más me gustó. Mientras en España hay ciudades en las que prohíben circular en bicicleta por el centro, en la vieja Europa ocurre todo lo contrario, esos años de retraso se lo debemos a ese iluminado que tuvimos por jefe. Una ciudad con muchos edificios dignos de ser vistos una y otra vez, ya que no te cansas.


Entre avenidas y callejas se cuelan caminos de agua, con sus barcas llenas de turistas españoles, entre muchos otros. Esos canales por la noche, le prestan su función de espejo a los edificios iluminados, formando unas de las imágenes que hacen que solo con eso, merezca la pena ese viaje.


Gante, viene en segundo lugar en la lista. Lluvia y viento, recordándonos que estamos en Europa en el mes de Noviembre, quizás sean esas cosas, las que le den ese encanto. También, como en Brujas, canales entre edificios, puentes y olor a chocolate caliente.




Y en tercer lugar Bruselas. Casa de la monarquía del país más federal que conozco. Diferentes idiomas y diferentes administraciones sin que se rompa el país, curioso. Cervezas y más cervezas, como en el Delirium café y una plaza a la que cualquier adjetivo adulándola se queda corto.




Todo esto, y muchos recuerdos de dos guerras que mataron a media Europa, Bélgica en el corazón. Baste con el fragmento de una obra maestra del cine para resumir todo esto. El respeto entre los diferentes pueblos, entre las diferentes lenguas, entre las diferentes razas, el respeto a la historia y a la diversidad de opiniones. Todos cabemos en este globo y lo diferente, es la nota de color que rompe la triste escala de grises.
miércoles, 28 de octubre de 2009
Heridas
Las heridas no se pueden cerrar sin ser curadas. En esta frase resumo toda la no-transición española.
En la ladera del monte Ezkaba (Navarra), a la sombra del penal franquista de San Cristobal, los presos asesinados o que morían por enfermedades derivadas de su cautiverio eran enterrados con una botella entre las piernas. Dentro, un simple papel recogía su nombre y las causas de su condena y muerte. A ese pedazo de tierra se le conoce como El cementerio de las botellas.
Adolfo Sánchez Vázquez - Yo sé esperar
Si para hallar la paz en esta guerra
he de enterrarlo todo en el olvido,
y arrancarme de cuajo mi sentido
y extirpar la raíz a que se aferra;
si para ver la luz de aquella tierra
y recobrar de pronto lo perdido,
he de olvidar el odio y lo sufrido
y cambiar la verdad por lo que yerra,
prefiero que el recuerdo me alimente,
conservar el sentido con paciencia
y no dar lo que busco por hallado,
que el pasado no pasa enteramente
y el que olvida su paso, su presencia,
desterrado no está, sino enterrado.
En la ladera del monte Ezkaba (Navarra), a la sombra del penal franquista de San Cristobal, los presos asesinados o que morían por enfermedades derivadas de su cautiverio eran enterrados con una botella entre las piernas. Dentro, un simple papel recogía su nombre y las causas de su condena y muerte. A ese pedazo de tierra se le conoce como El cementerio de las botellas.
Adolfo Sánchez Vázquez - Yo sé esperar
Si para hallar la paz en esta guerra
he de enterrarlo todo en el olvido,
y arrancarme de cuajo mi sentido
y extirpar la raíz a que se aferra;
si para ver la luz de aquella tierra
y recobrar de pronto lo perdido,
he de olvidar el odio y lo sufrido
y cambiar la verdad por lo que yerra,
prefiero que el recuerdo me alimente,
conservar el sentido con paciencia
y no dar lo que busco por hallado,
que el pasado no pasa enteramente
y el que olvida su paso, su presencia,
desterrado no está, sino enterrado.
domingo, 25 de octubre de 2009
Este no es mi Atleti
Este artículo de Victor Hegelman resume lo que siento en estos momentos. Este, no es mi Atleti, me lo han cambiado. Seré siempre del Atleti, es algo que va muy dentro. El cromo nos lo han cambiado, pero lo recuperaremos:
Veo al Atleti y me acuerdo de la película El exorcista. Hay un momento de la misma en la que preguntan a la madre de Regan, la niña poseída por el anticristo, si accede a que practiquen un exorcismo a su hija, advirtiendo que la niña podría sufrir. “Eso no es mi hija”, contestó la madre. Algo parecido me pasa a mí cuando me hablan del Atleti últimamente. Eso no es el Atleti, contesto, y cierro sin más la conversación.
La Señora Rushmore, esa desconocida dama que entró en nuestras vidas para reinventarnos y educarnos en la “fidelidad pupista” como única justificación a nuestra militancia colchonera, presentaba en un celebrado spot a un hijo preguntando a su padre por qué eran del Atleti.
Yo a la citada señora le puedo decir que toda mi vida he sido de él por su carácter luchador, por ser voluntariamente diferente en un entorno donde lo bien visto consistía en ser uno más. He sido del Atleti por ese espíritu rebelde que le hacía ser odiado por el poderoso y envidiado por el mediocre. Fui del Atleti porque elegí ser gladiador y rebelarme con Espartaco contra Roma a pertenecer a la masa plebeya con su “pan y circo”, esa masa que celebra el espectáculo de los leones devorando a los cristianos y después lo vende como una victoria épica. He sido del Atleti porque no necesito ningún equipo de fútbol para creerme un “ganador”. En mi vida, las victorias las consigo yo y mi equipo es una afición, una pasión, una forma de vida incluso, pero nunca un alucinógeno para mitigar una vida triste. Fui del Atleti por convicción y lo defendí allí donde estuve.
Sí, es cierto, he sido, fui del Atleti, pero ahora no, porque el Atleti murió hace unos cuantos años y no nos hemos querido dar cuenta.
Sencillamente lo que nos pasa es que no somos capaces de imaginar nuestra vida sin nuestro Atleti. Tantos esfuerzos, tantos nervios, tantas alegrías, tantas penas, tantas discusiones… ¿cómo vamos a asumir que esto pueda desaparecer? Por eso nos aferramos a esta cosa, este engendro llamado Club Atlético de Madrid Sociedad Anónima Deportiva, que ha venido a ocupar el puesto de nuestro Atleti no sólo sin respetar uno sólo de nuestros valores, sino tratando de eliminarlos como parte de un pasado extraño y ajeno a nuestra realidad.
La “cosa” que sustituye al Atleti hoy en día y a la que nos agarramos con un nudo en la garganta por una inercia que disfrazamos de fidelidad no es más que una empresa cuyo único objetivo es el enriquecimiento injusto y desorbitado de sus dueños legales. Ustedes me dirán que el Valencia, el Sevilla, el Villareal… todos ellos también son empresas. Sin embargo, la diferencia estriba en que los dueños y dirigentes de dichos clubes sí son hinchas de los mismos, y están ahí primero para hacerlos más grandes, no para hacer más grandes sus carteras personales exclusivamente. Su gestión podrá ser mejor o peor, pero hacen lo posible porque su club, el club de sus abonados y aficionados, crezca deportiva, económica y socialmente. Que gane títulos o que al menos se pelee por ellos.
En esta “cosa” llamada Atleti la situación es diferente y lo sabemos, pero seguimos ahí. No vamos a volver a ganar un título hasta que estos no se larguen, y lo sabemos pero seguiremos ahí. La gestión deportiva es atroz, pero no se fichará a nadie, se dejará todo a deriva como ha ocurrido esta temporada, y lo sabemos pero seguiremos ahí. La deuda es tan dramática que en cuatro o cinco años el club va a desaparecer y lo sabemos, pero seguiremos ahí hasta el final. Y si descendemos será un drama, pero todos sabemos que seguiremos ahí.
Mientras tanto hablaremos de que si los Gil tal y tal, que se apropiaron, que nos robaron y nos mataron la ilusión. Y ahí seguiremos. Y sorprendentemente seguimos y seguiremos opinando sobre fútbol, discutiendo sobre el entrenador y la plantilla mientras el club murió hace no sé cuánto. Esto es como discutir sobre si a los condenados a la silla eléctrica les sienta mejor ir de “sport” o con un elegante traje americano. Pero nada, ahí seguiremos.
Pues no. Yo no sigo. A la mierda, señores. Hasta aquí.
Seré atlético hasta que me muera, que eso se graba a fuego y no se pierde, pero, precisamente por eso abandono la pantomima de seguir a este doble con cara de estúpido. Abandono porque esto no es el Atleti. El Atleti ha muerto y este sucedáneo de mierda se lo pueden comer ellos. Les mando yo al infierno antes de que manden a mí ellos de verdad una vez más.
Algunos me dirán eso de que las ratas abandonan el barco, y yo les diré que no, que las ratas son las que robaron el barco y ahora lo dirigen hacia su destrucción total. Son las personas, los atléticos que saben lo que ha sido su club y lo llevarán siempre dentro, los que abandonan esta farsa, heridos y enfermos por la peste bubónica que nos trajeron hace mucho y a la que nos quisimos acostumbrar con tal de seguir teniendo al Atleti en nuestras vidas.
Me despierto del sueño y sólo me queda miseria. El Atleti se ha marchado y puede que para siempre. Si existe un Mesías que lo resucite volveré y le seguiré hasta el fin del mundo, pero a día de hoy ese Mesías es un ser utópico y posiblemente inexistente.
Volveré cuando el Atleti vuelva. Y, desde mi modesto escaño, lucharé porque eso ocurra.
Gracias a todos por vuestra atención.
Forza Atleti siempre.
Escrito por Victor Hegelman
Veo al Atleti y me acuerdo de la película El exorcista. Hay un momento de la misma en la que preguntan a la madre de Regan, la niña poseída por el anticristo, si accede a que practiquen un exorcismo a su hija, advirtiendo que la niña podría sufrir. “Eso no es mi hija”, contestó la madre. Algo parecido me pasa a mí cuando me hablan del Atleti últimamente. Eso no es el Atleti, contesto, y cierro sin más la conversación.
La Señora Rushmore, esa desconocida dama que entró en nuestras vidas para reinventarnos y educarnos en la “fidelidad pupista” como única justificación a nuestra militancia colchonera, presentaba en un celebrado spot a un hijo preguntando a su padre por qué eran del Atleti.
Yo a la citada señora le puedo decir que toda mi vida he sido de él por su carácter luchador, por ser voluntariamente diferente en un entorno donde lo bien visto consistía en ser uno más. He sido del Atleti por ese espíritu rebelde que le hacía ser odiado por el poderoso y envidiado por el mediocre. Fui del Atleti porque elegí ser gladiador y rebelarme con Espartaco contra Roma a pertenecer a la masa plebeya con su “pan y circo”, esa masa que celebra el espectáculo de los leones devorando a los cristianos y después lo vende como una victoria épica. He sido del Atleti porque no necesito ningún equipo de fútbol para creerme un “ganador”. En mi vida, las victorias las consigo yo y mi equipo es una afición, una pasión, una forma de vida incluso, pero nunca un alucinógeno para mitigar una vida triste. Fui del Atleti por convicción y lo defendí allí donde estuve.
Sí, es cierto, he sido, fui del Atleti, pero ahora no, porque el Atleti murió hace unos cuantos años y no nos hemos querido dar cuenta.
Sencillamente lo que nos pasa es que no somos capaces de imaginar nuestra vida sin nuestro Atleti. Tantos esfuerzos, tantos nervios, tantas alegrías, tantas penas, tantas discusiones… ¿cómo vamos a asumir que esto pueda desaparecer? Por eso nos aferramos a esta cosa, este engendro llamado Club Atlético de Madrid Sociedad Anónima Deportiva, que ha venido a ocupar el puesto de nuestro Atleti no sólo sin respetar uno sólo de nuestros valores, sino tratando de eliminarlos como parte de un pasado extraño y ajeno a nuestra realidad.
La “cosa” que sustituye al Atleti hoy en día y a la que nos agarramos con un nudo en la garganta por una inercia que disfrazamos de fidelidad no es más que una empresa cuyo único objetivo es el enriquecimiento injusto y desorbitado de sus dueños legales. Ustedes me dirán que el Valencia, el Sevilla, el Villareal… todos ellos también son empresas. Sin embargo, la diferencia estriba en que los dueños y dirigentes de dichos clubes sí son hinchas de los mismos, y están ahí primero para hacerlos más grandes, no para hacer más grandes sus carteras personales exclusivamente. Su gestión podrá ser mejor o peor, pero hacen lo posible porque su club, el club de sus abonados y aficionados, crezca deportiva, económica y socialmente. Que gane títulos o que al menos se pelee por ellos.
En esta “cosa” llamada Atleti la situación es diferente y lo sabemos, pero seguimos ahí. No vamos a volver a ganar un título hasta que estos no se larguen, y lo sabemos pero seguiremos ahí. La gestión deportiva es atroz, pero no se fichará a nadie, se dejará todo a deriva como ha ocurrido esta temporada, y lo sabemos pero seguiremos ahí. La deuda es tan dramática que en cuatro o cinco años el club va a desaparecer y lo sabemos, pero seguiremos ahí hasta el final. Y si descendemos será un drama, pero todos sabemos que seguiremos ahí.
Mientras tanto hablaremos de que si los Gil tal y tal, que se apropiaron, que nos robaron y nos mataron la ilusión. Y ahí seguiremos. Y sorprendentemente seguimos y seguiremos opinando sobre fútbol, discutiendo sobre el entrenador y la plantilla mientras el club murió hace no sé cuánto. Esto es como discutir sobre si a los condenados a la silla eléctrica les sienta mejor ir de “sport” o con un elegante traje americano. Pero nada, ahí seguiremos.
Pues no. Yo no sigo. A la mierda, señores. Hasta aquí.
Seré atlético hasta que me muera, que eso se graba a fuego y no se pierde, pero, precisamente por eso abandono la pantomima de seguir a este doble con cara de estúpido. Abandono porque esto no es el Atleti. El Atleti ha muerto y este sucedáneo de mierda se lo pueden comer ellos. Les mando yo al infierno antes de que manden a mí ellos de verdad una vez más.
Algunos me dirán eso de que las ratas abandonan el barco, y yo les diré que no, que las ratas son las que robaron el barco y ahora lo dirigen hacia su destrucción total. Son las personas, los atléticos que saben lo que ha sido su club y lo llevarán siempre dentro, los que abandonan esta farsa, heridos y enfermos por la peste bubónica que nos trajeron hace mucho y a la que nos quisimos acostumbrar con tal de seguir teniendo al Atleti en nuestras vidas.
Me despierto del sueño y sólo me queda miseria. El Atleti se ha marchado y puede que para siempre. Si existe un Mesías que lo resucite volveré y le seguiré hasta el fin del mundo, pero a día de hoy ese Mesías es un ser utópico y posiblemente inexistente.
Volveré cuando el Atleti vuelva. Y, desde mi modesto escaño, lucharé porque eso ocurra.
Gracias a todos por vuestra atención.
Forza Atleti siempre.
Escrito por Victor Hegelman
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