jueves, 30 de junio de 2011

Se fueron y todo quedó más vacio


A los diez años me regalaron mi primera camiseta del Atleti, a los once y a los doce vi en la tele como ganábamos la Copa del Rey sin saber muy bien lo que aquello significaba, a los dieciséis tocamos la gloria con los dedos y a los veintinueve lloré en Neptuno, sin que nadie me viera, pero lo hice. Esto es la parte buena, un pequeño, muy pequeño oasis en el desierto. A los treinta, ya cansado de aguantar tanta humillación, de no tener más argumentos para defender esta lamentable situación he dicho basta.

Me robaron la magia, las ganas de soñar año tras año, las de ilusionarme con victorias pequeñas y las de no enfadarme mucho con excesivas y lamentables derrotas. Un buen día D. Luís Aragonés le dijo a un cuarto árbitro: “Y usted no pise ese escudo”. Bien, ese escudo lleva pisándose demasiados años. Este ya no es mi Atleti, no en el que yo creo, me niego a darles la razón, me niego a aceptar su discurso derrotista, desde el día en el que se instauraron en este club con uno de los mayores engaños de la historia del fútbol. Vendiendo un producto lleno de vergüenzas y fichando fracasos, sin proyectos ni amagos de parecer una institución seria ni creíble. Ayer, en la presentación de un libro, el autor definía al personaje principal de la obra como “Un hombre fracasado, un perdedor, vamos, para que se hagan una idea, es del Atleti”. No tuve argumentos para decirle que no, que esos no somos nosotros, que no somos el hazme reír de este denominado espectáculo futbolístico.











La gota que colmó el vaso es la marcha de uno de esos jugadores que te permitían agarrarte a lo ya poco que queda de rojiblanco en este club – no me refiero a Agüero, el no es canterano y creo que nunca podrá entender esto, no le culpo- , me refiero a David De Gea. Nos pasó lo mismo con otro niño, de nombre Fernando Torres. Cuando lo veía en el Liverpool F.C, cuando lo veo a la selección española de fútbol y en el Chelsea F.C. digo, – como el título de la famosa película – ahí va uno de los nuestros. Ellos sí son el Atleti, ellos si son mi Atleti, desde alevines, desde juveniles, desde el segundo equipo hasta el primero. Ellos si tienen sangre roja con rayas blancas. Los dirigentes de esto que ya no sé muy bien lo que es, no fueron capaces de formar un equipo que estuviese a su altura y, yo me pregunto, ¿Dónde está el dinero del tercer club con mayor masa social de España?, ¿Dónde está el dinero del tercer equipo del que más partidos se compran?, ¿A que están jugando los que menos deberían hacerlo?, ¿Quién decide cuando se vende y se compra?, ¿Por qué perdí la cuenta de los entrenadores qué pasaron?













Recuerdo el himno que sonaba en las gradas del Calderón en muchos partidos, la banda sonora reservada sólo para los de casa, la misma que se le tributó a David De Gea y que ya no volveremos a escuchar.¿ Por qué se van los mejores?, ¿Por qué los proyectos sólo duran un año?, ¿Por qué este maldito desastre?















Ayer llamé a las oficinas del Calderón para no renovar mi abono. Como le escuché decir a una persona mayor de mi pueblo, si te engañan una vez, es culpa del otro, si te engañan dos veces, ya es culpa t
uya. Siempre será mi equipo, eso ni lo puedo ni lo quiero cambiar, pero ya no, ya no haré planes para verlo, ya no diré nada ni cuando pierdan ni cuando ganen, ya me cansé. Este no es mi Atleti, este, no es mi equipo. Si alguien alguna vez lo encuentra, por favor, avísenme.

Abel Aparicio González – Junio de 2011


martes, 28 de junio de 2011

Mike Preysner, discurso de un soldado veterano de EEUU

Our real enemy is not the ones living in a distant land whose names or policies we don't understand; The real enemy is a system that wages war when it's profitable, the CEOs who lay us off our jobs when it's profitable, the Insurance Companies who deny us Health care when it's profitable, the Banks who take away our homes when it's profitable. Our enemies are not several hundred thousands away. They are right here in front of us

Mike Prysner



lunes, 20 de junio de 2011

¡Eso sí que es violencia!, por Emilio Silva

Violencia es el dolor que siente en el pecho una mujer de casi setenta años cuando se encarama a un contenedor de basura y estira el brazo hasta alcanzar una bolsa en la que ha visto algo que no puede pagar.

Violencia es el insomnio de una madre que mentalmente se despide de su casa porque a la mañana siguiente la policía la va a desalojar en nombre de un banco cuando lo que la policía debería hacer es velar porque se cumpla el artículo 47 de la Constitución que habla del derecho a una vivienda digna.

Violencia es el chico que el mismo día en que cumple dieciséis años deja el instituto para buscarse la vida y llevar algún ingreso a casa.

Violencia es la de esa chica con un entorno familiar especialmente conflictivo que ha dejado de tener un profesor de apoyo en su centro de enseñanza.

Violencia es la incapacidad de una mujer para abandonar el hogar en el que es maltratada porque no tiene una forma de vida con la que sacar adelante a sus hijos.
Violencia es la del hombre de cincuenta y siete años que lleva un lustro sin tener ningún ingreso y vive en el piso de su hijo, al que le está destrozando la relación de pareja, pero es que si se va de allí es a la calle.

Violencia es la de esa chica que aguanta las cochinadas del encargado de la tienda porque fuera de ese trabajo hay cinco millones de razones para la desesperación.
Violencia es la de una madre que ve marchitarse en casa a su hija porque no tiene ni un euro para darle y que salga con sus amigos.

Violencia es la del internista que por miedo tras la persecución del doctor Montes deja morir retorciéndose de dolor a sus pacientes.

Violencia es que a uno de los hermanos Botín, más que multimillonario, le haya salido la declaración de la renta a devolver y que si el gobierno le hubiera subido los impuestos más euros tendría que haberle devuelto.

Violencia es que un Estado: permita toda esa violencia, gaste 50 millones de euros en la visita del Papa católico, no aumente los impuestos a las grandes fortunas y consienta que cada vez más mujeres se encaramen a contenedores de basura y más hombres busquen su suerte asomando la mirada a una papelera y más familias se vayan desahuciadas de una casa con una deuda que tardarán años en pagar, y que hayan recortado sueldos y pensiones y el Banco Santander anuncie al mismo tiempo que el año pasado obtuvo 8.000 millones de euros de beneficios y el poder político no haya corregido tanta injusticia.

Violencia es la angustia con la que un padre de familia vuelve a casa después de repartir decenas de currículums y mira tristemente a unos hijos a los que no sabe cuánto tiempo podrá seguir dándoles de comer. Violencia es que haya 54.000 millones de euros en billetes de 500 que se encuentran fuera del control del fisco. Todo eso es violencia.